Un 2 de noviembre de hace 97 años, se llevó a cabo la histórica fotografía de la V Conferencia Solvay de Física en Bruselas (1927). Estos congresos internacionales estaban patrocinados y financiados, desde 1911, por Ernest Solvay; químico, inventor y emprendedor, empresario industrial y filántropo que logró reunir colaborativamente a los mayores científicos de la época, contribuyendo al enorme salto cuantitativo que dieron las ciencias, la medicina y las tecnologías industriales.
Además, su éxito empresarial, consecuencia de su capacidad emprendedora y mérito técnico, le permitió fundar y sufragar todos los gastos de diversos institutos europeos de investigación en Fisiología, Sociología, Física y Química.
Ernest Solvay, además de químico, también fue un hombre con inquietudes e iniciativas sociales, siendo precursor del reconocimiento de los derechos laborales en sus propias industrias, dentro de las cuales instauró un sistema de seguridad social (seguro médico) inexistente en la época, así como pensiones para los trabajadores desde 1899, limitó el horario de trabajo a jornadas de 8 horas en 1908, e implementó vacaciones pagadas en 1913, y todo ello, sin descuidar los aspectos de formación profesional de sus trabajadores.
Su inquietud por mejorar la sociedad, le impulsó a entrar también en política y como representante liberal ejerció de senador y de ministro, desde donde diseñó una estructura social basada en la libre economía de mercado, implicando al Estado en la igualdad de oportunidades y bienestar de la ciudadanía.
Si todo lo llevado a cabo por Solvay nos parece loable, la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué una figura filantrópica de éxito empresarial y mérito profesional, en la sociedad actual, es criminalizada por llevar a cabo donaciones a la sanidad pública?
Para ayudar a la reflexión, pienso en la imagen de Ernest Solvay; en el empresario filántropo español al que, actualmente, se le critican sus donaciones a la sanidad pública, y la instantánea más importante de la historia de la ciencia. La foto que acompaña este texto, reúne a diecisiete Premios Nobel. Se identifica fácilmente a Einstein, Rutherford, Planck, Marie Curie, Bohr, Heisenberg, Schrödinger, Dirac, Born o Pauli. Todos ellos, son nombres a quienes los estudiantes de ciencias no poníamos rostro, pero resolvíamos complicados ejercicios gracias a las ecuaciones y principios que llevaban sus nombres.
La sociedad avanza gracias al talento científico de cerebros como estos y al talento estratégico de un líder en la sombra que los une colaborativamente. y pone recursos, altruistamente, al servicio de la sociedad.
Ernest Solvay, además de químico, también fue un hombre con inquietudes e iniciativas sociales, siendo precursor del reconocimiento de los derechos laborales en sus propias industrias, dentro de las cuales instauró un sistema de seguridad social (seguro médico) inexistente en la época, así como pensiones para los trabajadores desde 1899, limitó el horario de trabajo a jornadas de 8 horas en 1908, e implementó vacaciones pagadas en 1913, y todo ello, sin descuidar los aspectos de formación profesional de sus trabajadores.
Su inquietud por mejorar la sociedad, le impulsó a entrar también en política y como representante liberal ejerció de senador y de ministro, desde donde diseñó una estructura social basada en la libre economía de mercado, implicando al Estado en la igualdad de oportunidades y bienestar de la ciudadanía.
Si todo lo llevado a cabo por Solvay nos parece loable, la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué una figura filantrópica de éxito empresarial y mérito profesional, en la sociedad actual, es criminalizada por llevar a cabo donaciones a la sanidad pública?
Para ayudar a la reflexión, pienso en la imagen de Ernest Solvay; en el empresario filántropo español al que, actualmente, se le critican sus donaciones a la sanidad pública, y la instantánea más importante de la historia de la ciencia. La foto que acompaña este texto, reúne a diecisiete Premios Nobel. Se identifica fácilmente a Einstein, Rutherford, Planck, Marie Curie, Bohr, Heisenberg, Schrödinger, Dirac, Born o Pauli. Todos ellos, son nombres a quienes los estudiantes de ciencias no poníamos rostro, pero resolvíamos complicados ejercicios gracias a las ecuaciones y principios que llevaban sus nombres.
La sociedad avanza gracias al talento científico de cerebros como estos y al talento estratégico de un líder en la sombra que los une colaborativamente. y pone recursos, altruistamente, al servicio de la sociedad.
Ricardo Díaz Martín, decano del Consejo General de Colegios Oficiales de Químicos de España