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«Un asteroide amenaza la tierra, ¿debemos preocuparnos?». Un artículo de Ricardo Díaz Martín, decano del Consejo General de Colegios Oficiales de Químicos.

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En los últimos días, la comunidad científica y los medios de comunicación han puesto su atención en el asteroide 2024 YR4, un objeto celeste que, aunque pueda sonar a un guion de Hollywood, ha activado por primera vez el Protocolo de Seguridad Planetaria de la ONU. Pero, ¿qué tan real es el riesgo y qué se está haciendo al respecto?

¿De qué estamos hablando?

Descubierto en diciembre de 2024, el asteroide 2024 YR4 tiene un diámetro estimado de entre 40 y 100 metros. Si bien está lejos de ser un «asesino planetario» como el que acabó con los dinosaurios, su impacto podría liberar una energía equivalente a varias megatones de TNT, lo que generaría destrucción significativa a nivel regional.

Los cálculos actuales indican que hay un 1,2% de probabilidad de que colisione con la Tierra en diciembre de 2032. Aunque este porcentaje puede parecer bajo, en términos astronómicos es suficiente para que los científicos y las agencias espaciales lo tomen muy en serio.

¿Podemos evitarlo?

La NASA, la ESA y otras agencias espaciales ya están monitorizando la trayectoria del asteroide y analizando posibles estrategias de mitigación. En 2022, la misión DART de la NASA demostró que es posible modificar la trayectoria de un asteroide mediante impactos cinéticos, lo que abre la puerta a nuevas soluciones tecnológicas para evitar colisiones catastróficas.

Otras opciones incluyen el uso de tractores gravitacionales, que mediante la atracción de una nave pueden alterar la órbita de un asteroide, o incluso la utilización de explosiones nucleares, aunque esta última es considerada el «plan Z» debido a sus posibles consecuencias impredecibles.

¿Y qué hace la ONU?

Por primera vez en la historia, la ONU ha activado el Protocolo de Seguridad Planetaria, un mecanismo diseñado para coordinar una respuesta global ante amenazas de impacto. Esto no significa que la colisión sea inminente, sino que se están tomando medidas preventivas para garantizar una respuesta efectiva en caso de que la amenaza se confirme en los próximos años.

¿Debemos preocuparnos?

Con un 99% de probabilidades de que el asteroide no impacte en la Tierra, lo más probable es que en el futuro recordemos este evento como una curiosidad científica más. Sin embargo, la vigilancia constante es clave en este tipo de situaciones, y la detección temprana nos permite estudiar y aplicar soluciones con tiempo suficiente.

Si algo nos enseña el caso del 2024 YR4, es la importancia de la ciencia y la cooperación internacional. Enfrentar desafíos como este no depende de la suerte ni de la superstición, sino del trabajo conjunto de expertos y líderes mundiales.

La pregunta más apasionante es: ¿Sabríamos dejar todas las diferencias para hacer frente común a un problema real que nos afecta a todos?

Ricardo Díaz Martín, decano del Consejo General de Colegios Oficiales de Químicos de España.